¿Quién es el monstruo del cañaduzal?

 Con cantos y arengas se despidió el pueblo de Junior Jein. Quien a pesar de morir con tan solo 38 años de vida ha dejado una huella importante en la vida de muchas personas; aún así, su temprana muerte no sorprende en el cañaduzal porque es la realidad que enfrentan desde la colonización española, la historia de la violencia y discriminación de las comunidades afro. Treinta y ocho años de vida no resumen las últimas décadas de violencia que hablan más allá de Cali y Buenaventura, de Puerto Resistencia o el Paso del Aguante, hablaremos del Cañaduzal, como bien lo dijo el artista nacido en Buenaventura, el Cañaduzal que es un solo territorio que concentra una violencia histórica y explica, en parte, las razones de lxs muertxs antes y durante este Paro Nacional.

 Este territorio, por sus raíces afro y la historia de nuestro país, nunca ha dejado de sentir la discriminación, al que se adiciona el fuerte centralismo y concentración de recursos en las capitales. A la violencia histórica, se le suman factores, entre los tres más importantes está el conflicto armado interno, las dinámicas desprendidas del narcotráfico y las acciones de violencia previas como el desplazamiento forzado y el despojo. Junior Jein dice “somos víctimas del sistema y el abandono del estado”, lo que sin duda es el mayor impulsor de dichos factores y permiten entender la fuerte resistencia del pueblo.

¿Y andaba en cosas raras?

Cuando muere una persona, no solo negra, cuando mueren jóvenes de comunidades marginadas, siempre se les asocia con el pandillismo, el microtráfico y las dinámicas a las que fueron arrojadxs, por el abandono estatal. Junior Jein, claro que, si andaba en cosas raras, logró obtener un título universitario en comunicación social y seguir adelante como uno de los precursores de la salsa choke, pero también como un activista de DDHH que contribuyó a la lucha por la igualdad e inclusión de la comunidad afrocolombiana. Claro que su vida era rara, considerando que siendo el Cañaduzal una de las regiones más inequitativas del país, el logró romper con esa normalidad aceptada del destino histórico de la juventud en las comunidades.     

Participó de las movilizaciones sociales de Buenaventura en 2017 y activamente en el actual Paro Nacional. También lo intentó por la vía electoral en 2014 pero le faltaron votos, claramente no por ser impopular. Sus palabras y canciones lograron hablar de las costumbres y alegría propia de esta tierra, pero también de la inequidad, la violencia y sobretodo la injusticia con las personas desaparecidas y asesinadas de formas “misteriosas” y que representan uno de los mayores temores de jóvenes y familias del cañaduzal.

 

 

En las zonas periféricas de Cali, viven las personas marginadas, desplazadas y en condiciones de pobreza y pobreza extrema, por lo que no debería llamar la atención que sea en esta región, en el cañaduzal, en donde el Paro Nacional ha cobrado además de fuerza, vidas de muchas personas sin ninguna vergüenza. Entre la crisis sanitaria mal atendida por un gobierno negligente, las asociaciones entre las empresas industriales y denominadas “bandas criminales” en el puerto, en las últimas décadas se ha profundizado silenciosamente la inequidad y la violencia, tal como se potenció en Cali el desempleo en el último año, ninguno de los dos son hechos aislados y ha permitido que se refuercen las estructuras paramilitares y que por ejemplo, según WOLA, en enero de este año aumentara la tasa de homicidios en la región en un 200%. 

 

Son esas estructuras que se han fortalecido, las mismas que asesinaron a Junior Jein hace un mes. El sicariato organizado y protegido por el policía y las fuerzas militares, como en el caso de este “ciudadano de bien” que vimos en redes sociales y al que no se le aplicado ninguna medida; son estas estructuras las que asesinan jóvenes en las marchas y personas como Junior Jein. Ninguna es acción aislada, el monstruo del cañaduzal, se integra por partes diferentes, por el abandono del estado, por las multinacionales que quieren adueñarse de los territorios y/o la fuerza de trabajo y por la violencia organizada que se promueve desde la policía y el ejercito y se acompaña con paramilitarismo renovado y especialmente en función de estas estructuras.

 

Pasó un mes desde la muerte del artista y aunque se han llegado a ciertos acuerdos en el Cañaduzal en el marco del Paro Nacional, siguen desapareciendo y muriendo jóvenes. No es la primera vez, no es el paro. En 2008 se inició la construcción del Terminal de Contenedores de Buenaventura (TCBUEN) y como lo afirma NACLA (North América Congress on Latin America), organización sin ánimo de lucro, en las zonas donde se hacían las compras de las casas y lo/as propietario/as no querían vender, ocurrió un incendio en la zona específica donde se proyectó el puerto. Así mismo en 2014, se reportaron incendios provocados en el mismo sector que coinciden con la aparición de grupos armados que amenazaron a personas que no querían vender sus casas. Estos hechos desencadenaron olas de personas desplazadas que terminan asentándose en esas zonas periféricas de Cali, marcadas en rojo por la fuerte inequidad. No es la primera vez, no es el paro.

 

Si me convierto en canción, solo recuérdame feliz.

 

Cuando el pueblo del Cañaduzal se despide de Junior Jein, no solo se despide de él, se quiere despedir del racismo estructural y la violencia que margina, se quiere despedir de seguir encontrando a jóvenes muertos en los cultivos de caña, de llorar todos los días por las personas desaparecidas, de llorar por las casas quemadas, pero sobretodo se quiere despedir de que las únicas oportunidades para las personas marginadas sea trabajando -ser explotadas- en los puertos, de que el puerto tenga agua potable todos los días y en los barrios solo haya dos veces a la semana, se quiere despedir de tener que escoger pandilla o ser extorsionado por estas, se quiere despedir de que el estado grave más impuestos, no cumpla con el cubrimiento de los derechos, de que desde la llamada independencia, no existe una verdadera independencia para lxs llamadxs pobres.

 

Recordaremos a Junior Jein como a todxs lxs jóvenes cantando en la vía a Jamundí:

 

“Inconformismo social, descontento nacional como en el Bogotazo cuando matan a Gaitán…

Lucha con la lucha, resiste mi gente que el pueblo es superior a sus dirigentes…

Se metieron con la generación de las películas de Van Damme: ‘Nunca retroceder ni rendirse jamás.’

El hambre no calma, la prensa me engaña, el Gobierno me atraca.

Sálvame la patria, Mi única arma es protestar en la marcha como a Nico Guerrero, la Policía me mata…”

 

Les recordaremos, y de ahí sacaremos la fuerza para seguir luchando, para exigirle a la justicia de todos estos casos se aclaren y que no quede impune como casi siempre hacen y que la vida de lxs negrxs y lxs jóvenes importe todo. No es una cosa de ahora, y no será una cosa de mañana. El pueblo seguirá luchando, porque el pueblo no se rinde ¡carajo!

 

-Equipo Editorial Rebelde

 

 

 

 

 

 

 

Al igual que el diente de león, la dignidad florece en el lugar menos pensado.

Hace un tiempo, el nombre de Puerto Resistencia se popularizó por la resignificación que las protestas en Cali dieron a Puerto Rellena, un barrio de esa ciudad que ha sido punto de concentración para las manifestaciones del Paro Nacional que hoy recorre Colombia. Los poderosos esperaban que solo fuese un pequeño nombre, aislado, solitario en medio de la tormenta de horror y muerte desatada contra lxs manifestantes por parte del Estado colombiano. Han olvidado un hecho central: al igual que el diente de león, la dignidad florece en el lugar menos pensado.

Hoy, no solo en Cali, los puntos de concentración empiezan a cambiar de nombre, y un ejemplo de ello es el Portal Américas en Bogotá, antes un simple punto de llegada para un sistema de transporte indignante, abusivo y privatizado, ahora El Portal es de La Resistencia. Sí, el pueblo colombiano como sujeto político se reconfigura en las calles, escapa a los sobre análisis realizados por grandes eruditos de la ciencia política que, desde sus escritorios de partidos o medios privados de comunicación, tratan de entender una realidad que se les escapa entre los dedos.

Eruditos que jamás se han detenido a contemplar las formas tan extrañas en las que el diente de león se abre paso entre el asfixiante cemento esparcido por todas las ciudades. Es común ver cómo esa pequeña flor amarilla abre sus pétalos para convertirse luego en una pequeña espumita voladora, y sin hacer mucho alarde de su belleza se camufla entre el viento para depositarse en un nuevo e inesperado lugar. Así se esparcen por Colombia las nuevas Resistencias, dignidades, mil luchas, y tantos otros nombres que hoy designan los puntos de concentración, reflejando las ansias por una sociedad justa, digna.

Quienes antes se quejaban de los “mugrosos”, “los ñeros”, “los vándalos”, “los irresponsables”, “los vagos”, hoy les ayudan, les protegen y les cuidan. Brindan su tiempo para encontrarse y para alimentar-se. Lxs olvidados de siempre encuentran en las asambleas populares y los puntos de concentración un reconocimiento: “a mí no me cuida la policía, me cuidan lxs ñerxs del barrio, las mamás de la primera línea”. Al fin y al cabo, el diente de león es una “hierba mala” con propiedades medicinales.

Hoy la palabra fluye, como espumita de diente de león, por las mentes que no esperaban nunca abrirse a la utopía de una sociedad diferente. Hoy, mandan pa’l carajo los de siempre, porque desde abajo se está soñando un mundo mucho más allá de las narices de los poderosos. Ya no son escasos los dientes de león, se cuentan por miles de millones en toda Colombia. ¿Podrán cortarlos a todos? Y si los cortan, ¿podrán esconder todas las semillas?

 

Alejandro Henao Plaza

Educador popular y docente

El 8 y 9 de junio conmemoramos el día del estudiante caído en Colombia por quienes entregaron su vida en defensa de una educación digna.

El 9 de junio de 1929 fue asesinado el estudiante Gonzalo Bravo Pérez a manos de la Fuerza Pública en medio de una movilización en rechazo a los hechos ocurridos en diciembre de 1928 en Ciénaga Magdalena.

En 1954, el 8 de junio, fue asesinado por la Policía Nacional en inmediaciones del campus de Bogotá, el estudiante de Medicina y Filosofía de la UN Uriel Gutiérrez; el día siguiente, miles de estudiantes se dirigieron hacia el centro de la ciudad donde fueron atacados por el Batallón Colombia -contingente militar que había participado en la guerra de Corea-, como consecuencia de la represión violenta fueron asesinados los estudiantes: Álvaro Gutierrez Góngora, Jaime Pacheco Mora, Rafael Chávez Matallana, Hernando Ospina López, Hermán Ramírez Henao, Hugo León Velásquez, Helmo Gómez, Carlos j. Grisales, Hernando Morales, Raquel Cantor, Jaime Moore Ramírez (Fuente: Archivos del búho). 

La coyuntura actual sigue mostrando la acción criminal por parte de la policía nacional y la fuerza pública ya no solo frente a estudiantes, hoy también disparan indiscriminadamente contra un pueblo que se moviliza en la lucha por la vida.  El paro nacional que hoy continua con múltiples objetivos de corto, mediano y largo alcance, como lo es una posible reforma policial además de exigir políticas públicas a un gobierno que se ha empeñado en atacar social, cultural y políticamente a un país que piensa diferente al salir adelante. Sin embargo, con lo que el paro no puede terminar es con la impunidad y el olvido de que en este país pensar diferente nos cueste torturas, desapariciones, encarcelamientos, violaciones y en general la vida. 

Compartimos con ustedes un pequeño escrito,

 

Antes y ahora

"Antes pintaba calles y plazas

Ahora lo hago en salones de clase

Antes la rebeldía se hacía carne en cada marcha

Ahora se siente en cada palabra

Antes las lágrimas brotaban cada tanto

Ahora se han alojado en el corazón

Antes la lucha era interminable

Ahora es hasta siempre

Antes hervía la sangre

Ahora crujen los dientes

Antes se arriesgaba la piel

Ahora la piel se desgarra

Antes era estudiante

Ahora soy docente

Antes se recordaba el pasado

Ahora se trae al presente

Antes es ahora

Antes y ahora

Nada es diferente

Antes y ahora

El ocho y el nueve

Antes y ahora

Junio florece

Antes y ahora

Amanece"

- Alejandro Henao Plaza, Educador popular y docente 

 

 

 

 

Durante el último paro nacional, que inició el 28 de abril de 2021 y que lleva semanas con continuos altibajos de protestas masivas, sectoriales y parciales; bloqueos de vías; concentraciones, carnavales, conciertos, plantones, perifoneo; paralizaciones del transporte y algunos servicios; estallidos, levantamientos, represiones, enfrentamientos, caídos y heridos; quemas de estaciones, edificaciones y derribo de monumentos; asambleas populares; y por supuesto, dudosas negociaciones y promesas para desmovilizar los diversos sectores que crean un momento histórico en el que resuena, la canción antigubernamental Duque Chao en el ágora pública. Según la encuesta Datexco, el 75.1% de colombianos apoyan el Paro Nacional y la canción es más viral que nunca.

La cortina riesgosa de la Copa de América y el juego entre el Junior y el River Plate, mientras resuenan las balas asesinas, los gases lacrimógenos, los gritos y sonidos, son una afrenta a la dignidad y al cántico popular, verdadera pasión futbolera, como la que expresaron este 14 de mayo de 2021 en Ibagué al cantar el Duque Chao  con bengalas rojas, al igual que en Popayán, Cali y Bogotá, al rojo vivo. ¿Cuál es, pues, el origen y sentido de dicha canción?

La canción antiuribista nació el 1 de junio de 2018, cuando un trío anónimo de jóvenes de clase media democrática bogotana y precarizada, acompañados del piano, reajustaron la letra y sonido como una suerte de jingle electoral en las elecciones presidenciales,  que disputaron a Iván Duque, candidato de Uribe, apoyado por todas las franjas de la burguesía, versus la Colombia Humana de Petro y Ángela Robledo, apoyado por franjas de la pequeña burguesía, los trabajadores y sectores populares. Más allá de la situación puntual del sufragio, la canción expresó una polarización de clases sin igual, a su vez, un profundo hastío con el retorno de Uribe al poder y la fisionomía represiva del régimen político autoritario. En efecto, el cántico era un llamado a la resistencia civil.

El ritmo pegajoso y estribillo del “Duque chao / Uribe  chao / chao / chao” fue a su vez retomada de la famosa serie española de Netflix, La Casa de (2017), consumida por las clases medias latinas y colombianas. La canción original, Bella Ciao (del 1943-45), fue el cántico italiano antifascista de la resistencia partisana, obrera y socialista, al fascismo de Benito Mussolini y Adolf Hitler, anunciando que a todo dictador y mal gobernante le llega su hora. Ésta sería, a su vez, una nueva versión de la posible original de 1919, la reinvención y reapropiación cultural de la historia. A Uribe y Duque, el Bonaparte criollo y su marioneta, al parecer, les está llegando también su hora final. Tienen los días contados. Ojalá, su declive vertiginoso se dé antes del dos mil veinte dos, siendo juzgados y apresados, si no ahora, después, por su violación sistemática de los derechos humanos y ser unos vende patrias.