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“La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor”

Paulo Freire

 

Los transeúntes desprevenidos que iniciaban sus actividades laborales el día de ayer, no esperaban que las calles estuviesen llenas de mujeres y hombres, maestros y estudiantes que marchaban desde distintos sectores de la ciudad exigiendo sus derechos y los que estábamos al tanto de las marchas no alcanzamos a percibir la magnitud de la iniciativa.

Antes del mediodía muchos salimos de casa a tomar el transporte público para desplazarnos a lugares determinados, empujados por obligaciones laborales o sociales, en un Transmilenio con destino al norte por la Carrera Trece y posteriormente por la Décima, nos dirigíamos, mirando por la ventana los “ríos de gente” que iban marchando, según comentaban dos señoras de edad, sentadas en la parte delantera del articulado. Un poco más atrás y a mi lado se encontraba una señora que se acercaba a los cincuenta años de edad, quien se dirigía a una casa donde realiza oficios domésticos, quien con mucho desparpajo converso con todas las personas que nos encontrábamos a su alrededor. Más allá de comentarios comunes con respecto a los retrasos producidos por el trancón, la señora se expresaba con cierta gratitud hacia los docentes, diciendo que no era fácil enseñar, que ojalá que el Presidente Santos les “parara bolas”; entre una y otra afirmación hizo énfasis en que “la vida cada vez es más dura para todos”, “la plata está muy escasa y cada vez alcanza para menos”, declarando la necesidad de “hacer algo para que el gobierno se ponga las pilas y deje de robarse la plata”.

Las personas a su alrededor asentíamos con la cabeza y los menos tímidos hacían comentarios como: “si nos uniéramos y paráramos todo el país podríamos lograr que cambien las cosas”, “es que la gente es muy indiferente y no le importa sino lo de ellos (…) pero cuando nos tocan el bolsillo hay si nos duele” … El articulado siguió su camino y en paralelo caminaban cientos de personas, mujeres y hombres de todas las edades, algunos con pintas alternativas otros haciendo gala de gorras y camisas con logos de sindicatos o aludiendo a las instituciones de las que hacen parte, también había jóvenes, quizá de los cursos más grandes de los colegios. Se escuchaban arengas alegres, pitos e invitaciones a hacer parte de la manifestación; a la altura de la estación de San Diego la señora y yo nos bajamos del Transmilenio, al cruzar el torniquete nos despedimos deseándonos un buen día.

Después de resolver algunos asuntos laborales, decidí caminar junto a los maestros, cuyos rostros reflejaban alegría y esperanza. La conversación dada en el Transmilenio me hizo reflexionar  sobre las distintas perspectivas que se tienen en torno al tema, ya que algunas personas han criticado el paro en gran medida gracias a que los medios de comunicación oficiales se han encargado de trivializar la lucha de los docentes; sin embargo  me genera inmensa alegría saber y sentir que muchas otras personas, desde sus lugares de trabajo y desde su ser más personal comparten y apoyan este proceso, porque los maestros salieron a las calles a enseñarnos sobre DIGNIDAD!

 

Desde el centro de Bogotá, para Rebelde Comunicación Libre.

 

 

 

 

  

 

 

El señor Colombo Uribe empezó a sobresaltarse sobre las 9:10 de la mañana, su asistente personal no había llamado a darle el reporte de los principales acontecimientos del país. Escuchaba en la radio preocupado la opinión de un copartidario sobre el movimiento de tropas rebeldes en un lugar determinado del país, sabía que su opinión iba a ser consultada y quería obtener la confirmación de sus fuentes en terreno para preparar la entrevista de las 9:45.  A las 9:30 salió a la sala del asistente y preguntó sobresaltado por el informe, toda la oficina estaba en pánico, ninguno de su personal de trabajo había recibido informes o llamadas.